
27.8.10
la BiciCrítica de agosto

16.8.10
De Gaza a Tel Aviv
Ha llegado el momento de despedirse de nuestro Cicerone, Iyad. El taxista pide 50 shekels, Iyad solo está dispuesto a pagar 30, aunque tenga que volver andando. "Adios amigo, espero que volvamos a vernos en Madrid o en Gaza". Tras recorrer andando deprisa el kilómetro de pasillo alambrado, llegamos al Muro de la Verguenza que separa dos extremos opuestos: la riqueza de Israel y la miseria de Gaza. Verdaderamente el paso a través del control israelí, con sus decenas de compartimentos estancos a los que sucesivamente vas pasando, es digno de una película de Woody Alen. Especialmente el gigantesaco escaner circular en el que permaneces de pie ejecutando una coreografía que una voz te dicta por el altavoz y que más tarde descubres que corresponde a una persona que te habla desde un un amplio ventanal enfrente tuyo y a unos 5 metros de altura. El paso resulta tedioso, peo no parece que haya ninguna dificultad y en unos 20 minutos nos hallamos en territorio isrraelí, en la gigantesca estación terminal de Erez y su amplio vestíbulo con aire acondicionado.
El viaje se acaba. Le escribo a un amigo que "desde Gaza a Tel Aviv vengo llorando por toda la orilla". La playa de Tel Aviv, en la misma costa que la de Gaza, está llena de veraneantes. Todos los hoteles están llenos. Quisiera poder salir ya de esta ciudad moderna en la que la gente te mira raro cuando preguntas algo en la calle, pues la mayoría además de no hablar español o francés, con frecuencia no comprende tampoco el inglés. Y a mí se me olvidó comprar un librillo de hebreo para viajeros. Al día siguiente salimos a las ocho de la mañana del hotel y llegamos al aeropuerto Ben Gurion 4 horas antes de la salida del vuelo para Amman, lo que no impide que estemos a punto de perdelo y tengamos que correr por los pasillos, debido a un problema con Iberia que tiene bloqueado nuestro billete de Amman a Madrid, lo que impide que las líneas Jordanas puedan emitir nuestra tarjeta de embarque. Hemos tenido tres interrogatorios exahustivos. Nos han llevado al "cuarto oscuro" -como denominamos bromeando al compartimento en el que te cachean y te piden que te bajes los pantalones para pasarte un escaner por la polla-. A mí me ha tocado un judío negro de Etiopía que trabaja de segurata. La situación es incómoda, creo que también para él.
Horas más tarde volamos desde Amman hacia Madrid. Yo leo "Life at the crossroads. A History of Gaza" de Gerald Butt, en su segunda edición de 2009. Lo alterno con la antología "Poesía árabe contemporánea" publicada por Pedro Martinez Montávez en 1958.
El poema "¡Nunca fuimos esclavos!" del tunecino Sadili Zukar, nacido en 1924, resume mis sentimientos tras realizar este viaje por Palestina:
Nuestros recuerdos pasan... lentamente
El eco de sus pasos se aproxima,
para alzar en mi sangre el resonar del hierro y del martillo.
Y una fuerza potente,
un temblor arrebata mi existencia:
como el ciclón que sube del fondo del abismo.
Roto está el viejo muro de mi cuerpo
-muro de espesa bruma-,
que en su profundidad esconde la mañana y mis entrañas jóvenes.
¡Tan sólo por la fuente del recuerdo se escapa mi
sentir, como un torrente!
La sed de la revuelta se agita por mis venas.
En nuestros corazones ha escrito con su fuego:
Queremos...
que haya una vida libre en nuestra tierra.
¡Pues jamás fuimos siervos!
Queremos...
ser amos del país, soberanos y libres.
¡Jamás fuimos esclavos!
Y las voces se elevan por todos los caminos:
¡Oh, vosotros, los sordos,
los que ansiais beberos nuestra sangre!:
este himno a vosotros se dirige.
Al libre le repugna, en este mundo, vestirse con
las ropas del esclavo.
¡Pues jamás fuimos siervos!
¡Nunca fuimos esclavos!
13.8.10
GAZA DE SOL A SOL
electricidad, algo tan raro en la Franja. No, si ideas no faltan. Pero todas acaban chocando en el mismo muro: la seguridad de Israel. Todas las plantas depuradoras de Gaza han sido bombardeadas de manera que actualmente toda la mierda va directamente al mar sin tratamiento alguno. No es posible importar los productos químicos necesarios para el tratamiento de las aguas fecales, ni construir nuevas depuradoras.
Podríamos estar hablando seis meses de los problemas medioambientales de Gaza y no terminaríamos nunca, dice el abogado Raji Sourani, director del Centro Palestino para los Derechos Humanos. Tenemos sol practicamente todo el año, pero no podemos importar la tecnología necesaria para producir enerfgía solar.
La basura se acumula las calles y a falta de incineradoras, alguna gente prende fuego a los contenedores.
Hemos dado un largo paseo por la calle Omar Al Muktar que sale perpendicular a la costa a la altura del puerto para llegar al centro de Gaza y continuar hacia el desierto.
La calle donde se encuentra el Centro de Derechos Humanos, el Parlamento, del que solo queda la puerta tras el bombardeo de su edificio de seis plantas, la plaza Saraya, en la que en otro tiempo no muy lejano hubiera instalaciones militares, arrasadas por las bombas.
Junto a la puerta del Parlamento hay un mural realizado en mosaico que muestra la lucha entre David y Goliath, la metáfora de la desigual relación entre ambos pueblos condenados a compartir una misma tierra.
Por la noche mi amigo me cuenta su reciente aventura en España. Como fue rechazado el primer día al tratar de salir de Gaza. "¿Paz Ahora?, eso es imposible con vosotros, vuelve a tu casa". Yo le conozco bien, veo la rapidez con la que aprende un nuevo idioma, la absoluta claridad de sus ideas, la madurez de sus veinte años, la eficiencia de su cooperación... claro que quiere la Paz, vive para la Paz, sueña con ella a cada momento y la generosidad de su corazón se desborda y resulta contagiosa. Por fortuna la Diplomacia española, el Consul o el Canciller de España en Jerusalem, lograron que el segundo día Iyad pudiera viajar en un vehículo diplomático desde el puesto de Erez hasta el de Allenby, gracias a lo cual pudimos conocernos en Madrid hace a penas diez días.
Después de pasear arriba y abajo por el centro de Gaza, nos hemos reunido con las dos niñas que vinieron a España en el programa de "Vacaciones por la Paz" y con sus madres. Nunca podré ya olvidar sus miradas, sus palabras cuyo significado presentía antes de que fueran traducidas para sorprenderme con la sensatez de sus razonamientos. Doy gracias a la vida por haberme permitido compartir estos momentos con estas mujeres y sus hijas en el otro extremo de nuestro querido Mediterráneo.
Junto al puerto de Gaza pude escuchar cómo lo habían pasado las niñas en España, cómo les había beneficiado psicológicamente: "ahora es capaz de volver a reir". La risa de estas niñas es el mayor tesoro que me llevo de esta tierra, y su recuerdo me acompañará durante el resto de mis días.
Mirando este mar contaminado soñé con ellas un mundo mejor, en el que los niños vuelvan a reir. Reímos juntos mientras Iyad traducía del árabe al inglés y yo del inglés al castellano. Milagro del lenguaje humano que nos permite en cientos de lenguas diferentes expresar nuestros temores y nuestros deseos.
Quedan pocas horas ya para salir de la Franja. Tengo que llamar al puesto fronterizo para asegurarme de que salimos antes de que lo cierren.
Quisiera volver, no imaginaba que fuera a entrar en Gaza y ahora me pregunto cuando volveré, mientras imagino una Gaza distinta, con depuradores de aguas residuales, con energía solar y eólica,
con jardines orientales en los que pasar las dulces horas de la tarde, compartiendo el tiempo con los amigos. Una Gaza distinta en la que el ansia de sus jóvenes por estudiar, aprender nuevos idiomas, conocer el mundo, la tecnología, la ciencia, la historia, les permita reconstruir su pais para poder ofrecer a sus hijos una vida mejor que la que ellos conocieron.
El azar me ha traído a esta tierra que si nunca me resultó ajena, ahora se ha instalado para siempre en mi recuerdo y en mis entrañas, con una intimidad insospechada. No me queda más remedio que aprender árabe para que mis próximos viajes resulten más útiles y pueda entender directamente las palabras de las niñas, de los jóvenes, de las mujeres y de los ancianos que viven en esta tierra, cruce de caminos de civilizaciones desde hace más de tres mil años. Más pronto que tarde tendrá que caer el muro de la verguenza, del odio, del miedo.... las alambradas serán arrancadas y los palestinos de Gaza podrán reconstruir su parlamento bombardeado, sus escuelas y hospitales, sus casas y sus sueños. Ya se que no es fácil, que todos me direis que estoy soñando. Y teneis razón, estoy soñando, pero cuando muchas personas tienen el mismo sueño, no sé como, pero al final el sueño termina haciendose realidad. Y yo no puedo dejar de soñar, dejar de imaginar todo lo que se podría hacer para mejorar la vida en esta orilla del Mediterraneo en la que se mezclan Asia, África y Europa.
El atardecer en Gaza es tan hermoso como pueda serlo al otro lado del mar, si bien aquí el sol se pone pone sobre las aguas, como en Lisboa.
Adios, mis dulces amigos... volveré, porque habeis conquistado mi corazón.
12.8.10
IMAGINANDO EL FUTURO DESDE GAZA
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Amanece en Nablus
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8.8.10
DESDE AMMAN CON DESESPERACIÓN


7.8.10
Palestina en el corazón



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buscando la paz desde Gaza a Gibraltar


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creando redes verdes
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Los poetas están invadiendo Madrid
