12.5.13

¿Unidad de la izquierda o candidaturas ciudadanas?

La situación de emergencia en la que nos encontramos, con millones de personas arrojados al paro y la pobreza, pérdida de derechos básicos, criminalización de las protestas y crisis de legitimidad de todas las instituciones del régimen nacido de la transición está llevando a muchos sectores sociales y políticos a plantearse la necesidad de una nueva mayoría política y social que ocupe las instituciones, desaloje al actual Gobierno y abra un proceso constituyente.
Mientras el Partido Popular utiliza su mayoría absoluta como una apisonadora que arrasa con derechos consolidados en todos los ámbitos, desoyendo las voces de la ciudadanía, los movimientos sociales nacidos al calor del 15M han ido creando una tupida red de plataformas, asambleas, iniciativas y mareas que no renuncia a ninguna estrategia para alcanzar sus objetivos tanto desde la desobediencia civil desbordando los corsés de la legalidad vigente como desde las pequeñas grietas que deja el sistema ya sea en el ámbito judicial, como 15 para Rato, através de iniciativas como la ILP por la Dación en pago o las Iniciativas Ciudadanas Europeas. Las plataformas como la PAH, Nuevo Modelo Energético, Auditoria Ciudadana de la Deuda, No a Nuestra Costa y otras, junto con las mareas de la sanidad, la educación, el agua, la cultura, la dependencia y los servicios sociales, etc  se limitan ya a la protesta en las calles sino que desarrollan propuestas y alternativas en sus respectivos ámbitos y "se toman la democracia por sus manos" frente a un gobierno bunkerizado como lo estuviera el de Arias Navarro en 1976. Es el caso de la Consulta por la Sanidad en la que hemos participado en  Madrid un millón de personas en defensa de la Sanidad Pública y que ha supuesto un salto cualitativo en participación y organización frente a la consulta sobre la privatización del Canal YII en la que hace un año participamos algo más de 132.000 personas.
Hace ya tiempo que los activistas comprendimos que las manifestaciones no son suficientes y la inteligencia colectiva ha puesto en pie todas estas iniciativas que se potencian mutuamente en redes de cooperación que unen sus energías para construir desde abajo alternativas viables al desmoronamiento del régimen y la imposición de las políticas neoliberales de la Troika (FMI, BCE y Comisión Europea) que socavan la Democracia sustituyendola  por la Deudocracia.
Pero también sabemos y un importante sector del activismo así lo entiende, que las decisiones políticas que afectan a nuestras vidas y están robándonos el futuro, se toman en los parlamentos y los gobiernos y que es necesario asaltar las instituciones con millones de votos que cambien la correlación de fuerzas y abran un proceso de regeneración democrática y una nueva transición.
Algunas voces hablan de unidad de la izquierda, de frentes electorales o coaliciones de partidos. Pero, ¿será eso suficiente para articular una nueva mayoría social y política?. Hay quienes pensamos que una unidad de la vieja izquierda con sus viejos métodos y discursos no será capaz de desalojar del poder al capital financiero que no ha dejado de acrecentar su influencia através de un sistema de partidos agotado y refractario al cambio.
Por un lado, la izquierda institucional tiene una clara responsabilidad en la hegemonía política e ideológica de la derecha, por muchas razones. Durante años ha compartido con la derecha un modelo de desarrollo basado en el bomm inmobiliario y de las grandes infraestructuras, insostenible social y medioambientalmente. Como si la economía fuera a desarrollarse espontáneamente alicatando la costa y cubriendo el pais de AVEs, Autovías, Aeropuertos y mega proyectos, que ahora pesan como una losa de deuda. Los partidos que nunca han tenido en este país que someterse ni al escrutinio de su financiación ni a unos mínimos procedimientos de democracia interna, se han convertido con frecuencia en agencias de colocación para sus miembros, ferreamente controlados por unas élites burocratizadas en las que la afiliación y no digamos ya los electores, no tienen ninguna posibilidad de influir. Los casos de corrupción, el endeudamiento con los bancos para acometer campañas electorales basadas en el despilfarro y la propagando y no en el debate y la participación o la responsabilidad en la fraudulenta gestión de las Cajas de Ahorro y otros ámbitos institucionales,  hace dificil pensar que una mera unidad de partidos de izquierdas pueda acometer la imprescindible regeneración democrática que necesitamos. Porque los partidos se han convertido en parte del problema y no de la solución. Porque no será posible articular nuevas mayorías sociales con los viejos métodos y sin una profunda regeneración de las estructuras políticas anquilosadas que han perdido ya la exclusividad en la interlocución política de la ciudadanía.
Claro que es necesario seguir tejiendo redes para la cooperación por una política del bien común. Claro que es necesario trasladar a las instituciones las propuestas y alternativas que la sociedad civil, los movimientos sociales, están poniendo en pié. Pero será necesario también hacerlo con nuevas formas, abiertas tanto a la participación através de procesos de primarias abiertas y construcción colectiva de las propuestas y programas, como de exigencia de transparencia en la financiación y en las agendas de los partidos.
Por eso frente a las formulaciones que apuestan por coaliciones electorales en las que las cúpulas de los partidos negociarían el reparto de las candidaturas, algo que en mi opinión podría sumar algunos puntos porcentuales a partidos convencionales como IU, pero dificilmente articularía una nueva mayoría capaz de cambiar el sistema, otras voces proponemos empezar por acordar unos mínimos éticos y metodológicos que garanticen la limpieza del proceso, la participación real de las personas y colectivos que desde abajo están construyendo alternativas a las políticas actuales y que en definitiva permitan un proceso inclusivo más allá de las viejas formulaciones frentistas.
En este sentido abrir el debate de la relación entre movimientos sociales y partidos políticos y discutir posibles estrategias para fortalecer espacios ciudadanos de cooperación y ruptura es un proceso no sólo necesario sino también apasionante por la capacidad transformadora que tiene la inteligencia colectiva construida en redes horizontales y cooperativas.
Hay ya algunas experiencias exitosas en el ámbito local que es  sin duda donde más fácil resulta empezar a tejer desde abajo alternativas ciudadanas e inclusivas. Un caso en Madrid puede ser el de Vecinos por Torrelodones, que ha logrado equilibrar las cuentas renunciando a gastos superfluos como los asesores políticos o los coches oficiales y plantea nuevos procesos de participación de los vecinos en la gestión de los recursos y la definición de las políticas públicas. Con todas las luces y sombras que pueda tener la gestión cuando se asume la responsabilidad de gobernar, los modelos participativos que implican a los vecinos en la gestión del municipio son la alternativa a treinta años largos de partitocracia, redes clientelares, despilfarro, corrupción y modelos de desarrollo basados en el ladrillo y sus comisiones. No era cemento sino conocimiento, lo que necesitaban nuestro municipios y nuestra economía.
El reto de cambiar el actual sistema político, el modelo productivo y energético es enorme y urgente. Pero no hay atajos basados en la suma de siglas.
Por otro lado, el pluralismo político y la diversidad es también un valor. La superación del llamado voto útil al PP o al PSOE mediante el mero trasvase electoral de votos a UPyD o a IU respectivamente, sin un cambio de modelo en los propios partidos y sus relaciones con la ciudadanía, con los electores, terminará siendo más de lo mismo, con nuevos actores y nuevo reparto de cuotas pero difícilmente permitirá una regeneración democrática.
Compartamos las causas comunes como hacemos ya en mareas y plataformas. Pero no pensemos que es posible una casa común utilizando los mismos materiales, los mismos métodos, opacos y verticales, que nos han traído hasta aquí.

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