11.3.08

Utopías verdes y realidades negras

Una triste observación sobre las recientes elecciones generales: ni el cambio climático ni cualquier otro grave problema sobre la creciente destrucción de los ecosistemas terrestres han asomado la cabeza seriamente en los debates electorales. Las propuestas sobre el medio ambiente en general han estado ausentes en la campaña electoral. No se ha dado a la opinión pública ni una sola propuesta socio-ecológica importante en campos como son la fiscalidad, la economía, el empleo, la energía, la vivienda o el transporte. Propuestas en cómo producir y consumir de forma más limpia no han formado parte del debate público y electoral. Todo lo contrario, en el calor de la campaña ha dominado un amplio consenso entre las diferentes formaciones políticas dominado por el discurso economicista, desarrollista y consumista, y compitiendo en fáusticas promesas benefactoras sobre más infraestructuras, más consumo, más subvenciones a las actividades industriales contaminantes, más devoluciones fiscales, más crecimiento, y todo a precios más bajos. Como si se tratara de la peste, los principales candidatos han huido de dar respuestas solventes, realistas y comprometidas ante el cambio climático. Nada de este encantamiento político sin límites físicos y sin ética planetaria parece casual. En nuestras sociedades y en sus narraciones, valores e ideologías dominantes, de todo tipo y color, se sigue manteniendo como valor central el consenso cultural y político a favor del crecimiento sin límites. En general se suelen ver bien los principios y la acción ecologista en abstracto, o bien se tratan como un asunto exclusivamente sectorial encerrado en el contenedor del “medio ambiente”, pero siempre a condición de mantener los problemas ambientales alejados de compromisos que nos atañan directamente en lo concreto. La opinión pública suele apreciar las luchas de ONGs cuando defienden algún espacio natural amenazado, o cuando se trata de las denuncias de plataformas de afectados. Pero casi nadie decide su voto priorizando la salud de los ecosistemas que sustentan toda vida humana. A pesar del claro avance cultural de la conciencia ambiental y la preocupación por la protección y el cuidado de la naturaleza, el llamado “medioambiente” sigue teniendo un lugar marginal en nuestras prioridades prácticas como ciudadanos, consumidores y productores. En otras palabras, en términos socioculturales y en términos políticos, al tiempo que se mete por la puerta el “problema ambiental” también se saca por la ventana. No se debaten opciones contrastadas entre partidos para enfrentarnos con el cambio climático a pesar de ser considerado ya como un gravísimo problema de escala global y local. Pero cuando la Tierra necesita políticas verdes más que nunca, paradójicamente los partidos centran su discurso en la "mejora social" en radical desconexión con los sistemas vivientes. Se trata de una ideología socialmente muy exitosa que entiende que el bienestar general y particular se consigue a base de más y más consumo, más y más crecimiento. Son ya muchas y claras las señales de un próximo choque de trenes entre el consenso del sobre-consumo de las sociedades modernizadas y los ecosistemas básicos. Hasta ahora, no hay instituciones ni cuerpos políticos en el escenario español para plantear un freno sustancial a esta feliz borrachera. La inexistente "mayoría moral" de Rajoy Como ha dicho Rajoy lo más importante es “la economía, la economía, y la economía". Pero claro, al no haber grandes diferencias en política económica entre el PSOE y el PP, la oposición al gobierno solo podía orientar su crítica a los puntos más alejados del programa socialista: los derechos individuales, los derechos de minorías ,y la política territorial con los nacionalistas. El PSOE ha ganado la "guerra cultural" que Rajoy ha querido lanzar "a la americana" porque la "mayoría moral" que inventaba Reagan en los ochenta en EE.UU. no existe en España. Sobre el terreno de los derechos y oportunidades para mujeres, inmigrantes, homosexuales y sobre la memoria histórica recuperada, hoy por hoy, no hay en España una mayoría social conservadora. El PP ha leído mal los valores de la tolerancia y de diversidad que han calado en la mayoría de la sociedad. No se puede codearse tantas veces con los obispos, defender la familia tradicional, atacar la educación cívica, y al mismo tener esperanzas de forjar una mayoría política. Más bien parece que han asustado y con ello han movilizado sin quererlo a muchos votantes contrarios. Con el evocar tanto el imaginario de las "dos Españas" no pueden acertar en la diana. Al desmarcarse de los moderados como Gallardón y Piqué, el PP ha dificultado la construcción de una mayoría alternativa. También el discurso del PP en contra del nacionalismo catalán y vasco ha sido poco afortunado para el cómputo electoral, parece que ha obviado el enraizamiento social, en distintos grados de aceptación, de los nacionalismos culturales y políticos en sus respectivos territorios. No se pueden ganar unas elecciones en contra de Cataluña con discursos poco creíbles para amplias capas sociales, y que insisten en persecuciones del castellano, el independentismo y la rotura de España. El PSOE ha ganado las elecciones en Cataluña al provocar el mismo Rajoy un Tsunami socialista mucho más allá de sus votantes tradicionales. También la exageración cansina y dolorosa sobre ETA, y la “debilidad” de Zapatero han acabado debilitando más al propio acusador. A pesar de todo, un 40 % de los votantes apoyan al PP, lo que significa un bloque social muy mayoritario fuera de Catalunya y Andalucía. El descalabro de IU Para resistir la embestida del voto útil una fuerza política debe tener un valor añadido, un capital propio y diferenciado bien claro, y una organización fuerte capaz de comunicarlo. IU parece que solo ofrece la “política del más” al afirmar que está más a la izquierda que el resto de partidos, al tiempo que olvida que la palabra izquierda representa un amplio contenedor que quiere decir cada vez menos fuera de los gestos culturales e identitarios. En definitiva, se trata de una opción con programa más socialdemócrata que el PSOE pero sin la imagen de modernidad y sin la imagen tecnocrática de gestión responsable y eficaz. Además, IU sufre la fuerza del lastre anacrónico que palpita en su interior con constantes sacudidas fraticidas: un partido comunista escasamente renovado que ya no tiene horizontes ni utopías políticas creíbles. Sin embargo, solo una pequeña minoría sociológica de los españoles apoya el estatalismo, la antimonarquía, el antieuropeismo del NO a los tratados, el anticapitalismo, y la simpatía hacia Hugo Chávez y Fidel Castro cada vez es más escasa. Muchos se sus dirigentes se dirigen a un país que ya apenas existe. Los augurios para el futuro próximo de IU no parecen ser demasiado optimistas. Los "duros" del PC harán una llamada a la vuelta a las esencias comunistas, a la "refundazione comunista" a la italiana, y esto ayudará a empeorar las relaciones de IU con Iniciativa por Cataluña y con otros sectores "renovadores" de IU. De otro lado, está la minoría que quiere refundar IU junto a IC como una "Izquierda Verde" con identificación con Los Verdes Europeos. Larvada o públicamente la batalla está servida para las próximas elecciones europeas. En la tensa lucha interna entre los "retros" y "los rojiverdes", y dada la actual mayoría de IU más cercana a los "retros", es previsible que IU no quiera dar ni agua a IC. Nada de hacer coalición con IC para las próximas elecciones europeas y con ello "regalar" un eurodiputado a IC, como ya hicieron en el 2004. Estas divisiones internas y luchas por el control del partido también han tenido mucho que ver en la escisión que según afirma el mismo PC ha costado a IU un diputado por Valencia. En solitario IC necesita demasiados votos para llegar al parlamento europeo, no puede sacar un eurodiputado por sí misma con los 175.000 votos que tiene ya que un diputado europeo "cuesta" 400.000 votos. Es muy difícil que volvamos a ver a Willy Meyer (IU-PC) compartiendo lista con Raúl Romeva (IC) en las elecciones del 2009. Con este panorama, parece que se auguran tiempos muy revueltos para la izquierda del PSOE que intenta sobrevivir. Los lastimosos resultados verdes y la travesía del desierto El fragmentado voto verde ha sido más testimonial que nunca. Incluso sumando las distintas opciones "verdes" no se llega al 0.7% de los votantes. Donde se ha acudido en coalición con IU o con otros aliados, los resultados no han sido mejor. Además, en las coaliciones de sopa de partidos y de siglas tampoco han sumado los votos de las partes participantes, como se ha dado en el caso de Valencia. No se puede achacar los malos resultados verdes solo al voto útil o a la división interna. Incluso si Los Verdes tuviéramos una potente estructura organizativa (de la que carecemos), no es probable que el voto verde fuera mucho mayor. No quiere esto decir que no sea urgente la creación de un partido verde federal unitario con una estructura organizativa estable. Pero tan importante como los recursos físicos u organizativos son los recursos humanos y el capital político con el que se cuenta. Desgraciadamente, es posible que el crecimiento verde sea lento como en una larga travesía por el desierto, y acompañando al crecimiento de las numerosas crisis socioambientales que se avecinan. A fin de cuentas, la política verde es a menudo percibida como una política aguafiestas en una sociedad que vive aún en el delirio entusiasta del desarrollo y la era del petróleo. El camino está en tratar de construir desde abajo, a nivel municipal, y poco a poco para crear las condiciones de existencia de una masa crítica de personas capaces a explicar el realismo y la urgencia de una política verde y aplicable a todos los campos de actividad humana. Este recorrido desde abajo hay que ensayarlo ya en el día a día y en decenas de municipios. David Hammerstein Eurodiputado de Los Verdes http://www.davidhammerstein.org/

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